Libia y lagalgacanela – Silenciosos con voz

Escuchando la historia de El silencioso amigo del viento la bellísima y silenciosa Libia vuelve la vista atrás y, como decía el poeta, sueña con la senda que nunca ha de volver a pisar.

Libia

Libia

Lo primero que me enseñaron al nacer es que yo nunca tendría una historia propia que contar. Ni siquiera tendría Historia. Porque mi raza, esa que un día distinguió a la realeza, había sido condenada a perder su pasado, su presente, su futuro. Polvo, repetían, sólo formarás parte del polvo que levantarán las patas de los que corran la liebre por donde es debido. Y así fui creciendo, atrapada en aquel ciclo infinito y cruel.

Solo años después pude por fin aprender cómo de la pequeña semilla brota el más frondoso y extraordinario árbol… Libia, ven, que voy a leerte un cuento.

“El galgo es negro, flaco y afinado, de viso lánguido y afligido. Su cuerpo es fino como latigazo en el barro…”

Pero ¿de dónde has salido, hermano? ¿Quién relata tu vida? ¿Cómo es posible que tus palabras puedan llegar hasta mí?

Cuando cerré los ojos, intentando obtener respuesta a mis preguntas, pude verme caminando al lado de ese erguido animal que, traílla en mano, consumaba la suelta en un campo cualquiera. Pude verme corriendo entre las zarzas, que hasta me sangraban los costados, pero nunca lo hacía tan rápido como quería él. Pude verme huyendo del palo, la piedra y la soga, canjeando tierra por asfalto. Pude volver a verme encerrada, aunque de ese diminuto espacio metálico sólo me libraban para arrancarme la sarna de la piel, que dejó de ser canela. Pude verme en un coche, alejándome, quince días, justo a tiempo. Pude verme en un coche, acercándome, aquí, ahora. A casa.

Desperté sobresaltada pero ella me acarició la cabeza y, dulce como siempre, susurró… Pero bueno galguita, ¿ya has estado soñando otra vez? Fue en ese momento. Me di cuenta de que yo SÍ tenía una historia que contar. De que todos y cada uno de nosotros siempre la habíamos tenido. Solo había que encontrar la manera de que nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro destruyeran tanto olvido, tanto abandono, tanta indiferencia.

Sonrió y, como si hubiera escuchado la súplica muda que pronuncié con mis ojos, me dijo… Claro, Libia, te lo prometo. Prometo que escribiré esa gran historia por ti.

Este emocionante relato es cortesía de lagalgacanela, una activista quien denuncia el maltrato a través de la red y ayuda a los lebreles con sus delicadas creaciones. ¡Muchas gracias por todo lo que haces y por haber puesto a Libia en tu vida!

Bolso de La Galga Canela

Bolso de lagalgaanela

NOTA: ‘Silenciosos con voz’ son historias de galgos, podencos y perros de cualquier raza que han llegado, por fin, a vivir una vida digna. Si nos quieres contar unas líneas (hasta 300 palabras) de lo que fue y es la vida de tu ‘silencioso’, escríbenos y mándamos una foto de tu perro junto a ‘El silencioso amigo del viento’ a: lisienator@gmail.com

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