Nueva campaña solidaria: Adopta un libro, ayuda a los galgos

Estamos muy contentos de comunicaros que El silencioso amigo del viento inicia una nueva campaña solidaria que lleva por título: Adopta un libro, ayuda a los galgos. El caballero oscuro  vuelve, pues, a las andanzas en su incansable gesta por ayudar a sus semejantes de raza. Desde hoy hasta el 7 de enero parte de los beneficios del cuento irán destinados a ayudar a protectoras de todo el país con su venta.

NAVIDAD_imgAquí os dejamos una lista de las protectoras que hasta el momento se han unido a nuestra iniciativa solidaria navideña:

Adopta un amigo en Gran Canaria
Alba Asociación
APADAT Toledo
Ciudad Animal
Dejando Huella
Equipo Rescate Animal ERA
Fundación Luna
Huella Aranda
Galgos de la Mancha
Galgo Español
Los Gatos de Carol & Cia
Protectora Salamantina
Refugio Naciendo un Sol
SOS Perrera de Badajoz

CÓMO ADOPTAR UN LIBRO
Para participar solo tenéis que poneros en contacto con lisienator@gmail.com poniendo en el asunto: ‘El silencioso amigo del viento – nombre de la protectora’ y os idicaremos cómo haceros con el cuento.

Precio ‘El silencioso amigo del viento’: 18€
Donación a protectoras: 6€

Animaros a adoptar un libro y ayudar a galgos, podencos, mestizos, gatos y ¡todos aquellos que estén a la espera del calor su familia definitiva!

OTRAS CAMPAÑAS SOLIDARIAS DE ESADV:
Presentamos en Madrid
Donación a SOS Galgos en Feria del Libro de Madrid
Sant Jordi solidario – ESADV y Urban Pets con SOS Galgos
Campaña de Financiación del cuento

 

 

 

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Jara, volver a correr – Silenciosos con voz

Jara, compañera de Athos, es hoy la protagonista de ‘Silenciosos con Voz’. Su historia nos llega nuevamente de la pluma de Juanqui, quien nos narra las vicisitudes de esta  galguita menuda y negra quien recuperó su alegría de vivir y sus ganas de correr, ¡que para un galgo viene siendo lo mismo!

Jara abrazando el cuento

Jara abrazando el cuento

El ruido ensordecedor sonaba y cuando la puerta se abría, mi instinto me hacía correr sobre la arena. Siempre. Desde pequeñita me hicieron correr, me encantaba pero llegó a no gustarme. Cuando quería jugar y revolcarme sobre el suelo solo recibía reprimendas. Solo querían que corriera. Así que lo hice lo mejor que pude. Los humanos que me “cuidaban” no debían tenerme en mucha estima, cada pocos días me cambiaban de casa y tenía a otros diferentes. Al principio me resistí, gimoteando o huyendo pero al final me dejé llevar por la resignación.
Me encantaba correr. Pero ya no. Solo querían que corriera. Quizás porque tras recorrer los correspondientes metros en la arena siempre llegaba la primera. Quizás eso les gustaba pero a mí ya no. Llegaron cosas que me gustaron menos. Y las cosas por imposición nunca salen bien, las cosas buenas salen desde el corazón. Y allí empecé a pensar que esas cosas buenas no existían por ningún lado. Seguí corriendo obligada, así que cuando dejé de hacerlo me castigaron mucho.
Paso un tiempo y cosas como correr y jugar habían desaparecido de mi mente. No sabía que significaban ni porque se hacían. Temblaba antes los agarrones con los que me trataban y entraba en tal pánico que no podía moverme.
Cierto día subimos al gigante metálico de patas redondas que corría casi tanto como yo. Imprevisiblemente me vi lanzada a la calle y el cuadrúpedo metálico cerró sus puertas y se fue. Me quedé sola y paralizada. El mundo exterior se abría para mí y tenía miedo, necesitaba refugiarme. Miré hacia un lado y pude ver una casita con la puerta abierta. No lo dudé. ¿Qué habría dentro? No lo sabía pero tuve que entrar ya que mi corazón latía tan aprisa que parecía que iba a estallar. Allí, entre las paredes de hormigón, dos humanos con miradas totalmente diferentes y como si de otra raza distinta se tratara, me miraban casi entendiéndome. Me dieron de beber y de comer. Al día siguiente conocí otros dos humanos. Sus caras pertenecían a esa raza de humanos que compartían afinidades con peludos como yo. Y allí conocí a más “cuatro patas”. Una mastina blanca protectora, una bella mezcla con alma de líder y otra galguita clavadita a mí con la que hice más que buena amistad, me trataron como a una princesa. Poco a poco quise volver a confiar y a jugar aunque no logré soltarme del todo. Junto a estos humanos conocí a otros dos que además tenían otro galgo, jovencito y juguetón con un buen rollo casí hasta excesivo. Hasta que un día me ví en su casa, junto a ellos, Athos, Carol y Juanqui.
Desde entonces no he parado de disfrutar. De volver a retozar sobre una cama blanda, de compartir las primeras horas de sueño junto a ellos tres, de recibir el cálido abrazo de esas manos humanas que antes me daba miedo. He vuelto incluso a recuperar una infancia perdida jugando de nuevo como si apenas tuviera unos meses. Y hasta he vuelto a recuperar el gusto por algo que jamás pensé que volvería a hacer: correr, pero de felicidad junto a ellos.

Nos alegramos que Jara haya encontrado la familia que merecía, Carol y Juanqui son unos enormes comprometidos con la causa animal en general y en concreto con la galga. Juanqui corre kilómetos junto a Athos difundiendo el mensaje ‘No Al Maltrato’ a través de la Asociación Running for a Dream.

Juanqui y Athos corriendo por sus sueños

Juanqui y Athos corriendo por sus sueños

Carol colabora con diversas protectoras, rescatando y donando su arte con su proyecto personal Universo Chifloso’ de quien somos muy fans. Para Muestra: ¡UN TAZÓN!

Tazas El silencioso amigo del viento de Universo Chifloso

Tazas ‘El silencioso amigo del viento’ de Universo Chifloso

¡Muchas gracias chicos!

NOTA: ‘Silenciosos con voz’ son historias de galgos, podencos y perros de cualquier raza que han llegado, por fin, a vivir una vida digna. Si nos quieres contar en unas líneas (hasta 300 palabras) lo que fue y es la vida de tu ‘silencioso’, escríbenos y mándamos una foto de tu perro junto a ‘El silencioso amigo del viento’ a: lisienator@gmail.com